EL MATADERO
ESTEBAN ECHEVERRÍA
Esteban Echeverría (1805-1851) es una figura central en la historia de la cultura argentina, pues fue uno de los introductores del romanticismo literario. Vivió durante algún tiempo en París donde estudió y se interesó por las tendencias literarias que allá se estilaban. Firme opositor al gobierno autoritario de Juan Manuel de Rosas, Echeverría se autoexilió en Uruguay, donde pasó sus últimos años de vida.
El matadero es considerado por muchos como el primer cuento argentino. Echeverría, que lo escribió en 1838, utiliza en este texto fundacional y de estructura libre el crudo escenario de un matadero para armar una historia de tinta metafórico.
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Los hechos relatados tienen lugar años después la Revolución de Mayo, durante el período en que Juan Manuel de Rosas gobernó la provincia de Buenos Aires, en Argentina. Más concretamente, el marco temporal se ubica en algún momento de la década de 1830, luego de la muerte de la esposa de Rosas, doña Encarnación Ezcurra, y durante la época de la cuaresma católica. La acción se desarrolla en un matadero vacuno localizado en un sector marginal de la ciudad de Buenos Aires, la cual en aquél tiempo integraba con la provincia del mismo nombre una misma jurisdicción política y administrativa.
El relato, que hace una descripción de la sociedad y la situación política de la época, comienza dando cuenta de un gran diluvio, después del cual el pueblo estuvo 15 días sin carne de res y afectó la economía del país. Se produjo una crisis en la provisión de alimentos, dado que por la imposibilidad de movilizar la hacienda hasta el matadero durante ese período, hubo falta de carne. Esta carencia, que por otra parte venía a coincidir fortuitamente con los mandatos cuaresmales de la iglesia, en lo referido a la abstinencia de carne, p de la zona.
Sucede que las vísceras, llamadas "achuras" y lógicamente mucho menos apreciadas que la carne, eran usualmente desechadas. Estas personas, en su afán de conseguir comida, acostumbraban a asistir a las matanzas de reses y se apropiaban de dichas partes, habitualmente protagonizando fuertes disputas. Como es de suponer, en este caso en que la escasez de alimentos estaba haciendo estragos la expectativa era aún mayor que la habitual.
El último de los animales que queda vivo de aquella tropa resulta ser un toro, que ofrece feroz resistencia a los faenadores que intentan reducirlo. Luego de una violenta contienda la bestia se escapa. Echeverría cuenta que por esta refriega se produce indirectamente la muerte de un niño, decapitado por el chicotazo de un lazo al romperse. No obstante, esta tragedia es rápidamente olvidada por los asistentes, obsesionados por que se dé muerte al animal. El brioso ejemplar es perseguido por varios jinetes, que al final de una tenaz y accidentada persecución logran atraparlo y matarlo.
Luego del episodio del toro tiene lugar la parte culminante del relato. Acierta a pasar cabalgando por el lugar un joven, al que la muchedumbre identifica rápidamente como unitario, por no llevar luto -por la muerte de la esposa de Rosas- ni la divisa punzó y por su apariencia en general. El mozo es atrapado y llevado a la casilla del «Juez del Matadero» (especie de comandante del lugar), donde es interrogado y torturado por varios de los personajes de esta historia, todos ellos simpatizantes del partido federal.
El joven unitario (personificación de Echeverría en el relato de ficción) se resiste en todo momento durante este injustificado calvario, manteniendo una actitud digna y desafiante ante las crueldades de los federales. Finalmente, en un momento en el que pensaban continuar torturándolo, el joven literalmente estalla de rabia, muriendo heroicamente sin haber sido desmoralizado por la tortura, y luego de haber expresado abiertamente sus pensamientos acerca del régimen gobernante.

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